Información valiosa sobre el cáncer de tiroides | Dr. Ricardo Mendoza Especialista en Medicina Interna, Endocrinólogo y Tiroidólogo

El cáncer de tiroides es una enfermedad muy poco frecuente (apenas representa el 1% de los cánceres del adulto) y en la mayor parte de los casos no muy grave. En realidad, son no menos de 5 tipos de cánceres. El más frecuente es el papilar (75%), le sigue el folicular (10%), el medular (5%), el anaplásico (2%) y el linfoma de tiroides (1%).

Afortunadamente los cánceres de tiroides más frecuentes son los menos agresivos. La esperanza de vida a los 5 años en el cáncer papilar llega al 98% y del cáncer folicular se aproxima bastante a esa misma cifra.

Lo contrario ocurre con el cáncer anaplásico de tiroides el cual es uno de los cánceres más agresivos que existen y se acompaña de una muy corta esperanza de vida.

Factores de riesgo de los cánceres de tiroides

Estos algunos de los factores de riesgo que contribuyen a la aparición del cáncer de tiroides:

  • Endógenos: la elevación de la TSH, la elevación de la insulina y la inflamación crónica de la tiroides.
  • Exógenos: la radiación en el cuello, los nitratos de la alimentación, algunas sustancias químicas con efecto disruptor endocrino como el bisfenol A (BPA) derivado del plástico (policarbonato y resinas epoxi) presente en nuestra alimentación; los bisfenilos policlorinados (PCB) y difenil ésteres polibrominados (PBED) usados como inhibidores de llama en los equipos electrónicos, en la ropa de los niños y en los productos inflamables del hogar.

Sintomatología del cáncer de tiroides

cáncer de tiroides

Generalmente, el cáncer de tiroides se manifiesta como un bulto o tumoración en la parte delantera del cuello. En algunos casos crece lentamente (cáncer papilar y folicular). En otros crece muy rápidamente (cáncer anaplásico y linfoma tiroideo).

También pueden aparecer ganglios linfáticos agrandados a los lados del cuello (cáncer papilar, medular y linfoma de tiroides). El tumor puede crecer y producir dificultad para tragar, respirar y/o hablar (cáncer anaplásico y linfoma).

En ocasiones puede haber metástasis al pulmón o los huesos (cáncer papilar y medular). En contados casos puede haber fiebre, sudoración nocturna y pérdida de peso (linfoma de tiroides). Otros puede que presenten diarrea y enrojecimiento facial (Cáncer medular).

¿Cómo abordar el cáncer de tiroides?

El primer estudio de imágenes es la ecografía de tiroides (y de cuello). Hay más de 10 características objetivas que deben evaluarse de cada nódulo o tumoración y que permiten estimar su riesgo de malignidad.

Esa estimación de riesgo por ecografía y los síntomas del paciente hacen que el especialista tome varias muestras con una aguja muy fina de esa tumoración. Algunos son fácilmente identificables con una aguja fina (cáncer papilar, folicular y medular), otros no (cáncer anaplásico y linfoma de tiroides).

Una vez que el patólogo (posterior a una punción con aguja fina o gruesa, o luego de una biopsia) ha identificado la presencia de células cancerosas el siguiente paso es una operación para extraer la tiroides (cáncer papilar, folicular o medular) o de todo el tumor en el cuello (cáncer anaplásico o linfoma) si es que ello fuese posible.

Tratamiento para el cáncer de tiroides

El tratamiento del cáncer diferenciado de tiroides (papilar y folicular) empieza con la extracción de toda la tiroides, en algunos casos también se operan los ganglios linfáticos del cuello. Si el riesgo de reaparición (recurrencia) no es bajo también se trata al paciente con yodo radiactivo. En caso de metástasis se recurre a la cirugía, al yodo radiactivo, a la radioterapia externa o a algunos medicamentos del grupo de los inhibidores de la tirosinquinasa.

El cáncer medular se trata inicialmente extrayendo la tiroides y algunos ganglios linfáticos del cuello. Si con ello no se logra la curación entonces se recurre a la radioterapia externa en el cuello, en el mediastino o en los huesos que tienen metástasis. En algunos casos hay que usar algunos medicamentos del grupo de los inhibidores de la tirosinquinasa, anti RET y antiangiogénicos. Es imperativo descartar la posibilidad de una forma familiar hereditaria del cáncer medular.

El linfoma de tiroides si es de pequeño tamaño puede tener buena respuesta a la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia. Aunque en algunos casos puede surgir una metástasis a distancia hasta en el 33% de los casos.

El cáncer anaplásico es una verdadera emergencia médica dada su muy elevada tasa de muerte (supervivencia media histórica: 5- 6 meses). Es fundamental el diagnóstico rápido, el pronto inicio de un tratamiento integral (cirugía, radioterapia, quimioterapia y terapia molecular) por un equipo multidisciplinario (cirujano oncológico, oncólogo clínico, radioterapeuta, endocrinólogo, paliativista y psicólogo) y con experiencia. Solo de esa forma puede obtenerse una modesta mejoría de la esperanza de vida.

La evolución a lo largo del tiempo de las personas que tuvieron cáncer papilar es generalmente favorable. Según estudios se estima que en los próximos 20 años el 5% tendrá una reaparición del tumor en el sitio de la operación, el 15% en los ganglios linfáticos del cuello y apenas el 5% en los pulmones, huesos o cerebro.

El seguimiento de laboratorio a lo largo del tiempo de las personas que tuvieron cáncer papilar y folicular se hace monitorizando los niveles de tiroglobulina, anti tiroglobulina y TSH. Dependiendo de ellos (en la mayor parte de los casos) puede determinarse si la evolución es la deseable o no. Y procederse en consecuencia. La ecografía de cuello (y otros estudios de imagen) también es de utilidad.

El seguimiento de las personas con cáncer medular se hace monitorizando los niveles en sangre de calcitonina y antígeno cárcino- embrionario (CEA).

Los cánceres de tiroides son poco frecuentes. Pero algunas variedades son muy agresivas y pueden comprometer seriamente la esperanza de vida. Al contrario de la tendencia descendente en la aparición de la mayoría de los cánceres sólidos (de mama, colon- recto, pulmón y próstata) en el caso del cáncer de tiroides su aparición se ha duplicado en los últimos 25 años. Ello es debido a la mejora en la tecnología de imágenes y a un incremento real en su aparición. Por eso es importante educar a la población sobre la existencia de los factores de riesgo de cáncer de tiroides. Así podría reducirse la posibilidad de desarrollar esta condición.

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